Hueche Ruca a través del relato de un huésped crónico 

Las palabras de Fito Schuller tienen el valor de quien vivió la experiencia, sin mediaciones, de fuente directa. Pero además, su discurso sabe a cuento de aventuras, de esos que se escuchan con atención y asombro,  que inspiran y emocionan. Aquí la historia de la vecina cabaña amiga de Gas del Estado, Hueche Ruca.

Camino de entrada a Hueche Ruca

Camino de entrada a Hueche Ruca


Los orígenes

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El Padre Aníbal Coerezza y su perro en el Lago Mascardi

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Los grandes hacedores de Hueche Ruca: El Padre Aníbal, Cecilia Stachon, “Mami” y Papi” Traverso y María.

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Homenaje al Padre Aníbal realizado por “Papi” Traverso. – Foto tomada por María José López Basavilbaso –

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Celebración del la misa a orillas del Mascardi.

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El emblemático y amplio salón de Hueche Ruca

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Cabaña pequeña construida en el predio. En sus primeros tiempos, los entonces caseros de Hueche Ruca, vendían allí artesanías y tenían además un taller.

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Entrada a Hueche Ruca

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La cabaña principal en la actualidad

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La cabaña principal en la actualidad

“Hace más de 50 años, un grupo de pibes acampábamos en la playa del Lago Mascardi. A cargo estaba un cura joven desbordante de energía, repleto de coraje y de proyectos -el padre Aníbal Coerezza-. Lo ayudaban a llevar adelante la difícil misión de controlarnos, un grupo de jóvenes que serían los mismos que continuaron a su lado durante décadas, incluso hasta los días de hoy, haciendo realidad cada una de lo que aparentaba ser una idea descabellada – de parte del conductor –“, rememora Fito y continúa: “Ese primer campamento en la playa fue muy especial. Tras el largo viaje en tren, desde Constitución hasta San Carlos de Bariloche en Clase Mochilera, con los asientos de madera, llegamos al fin a destino. Armamos las enormes y pesadas carpas de lona, mientras se planeaban actividades”.

“Fue en esos días que nuestro cura, ensoñado con un ocaso anaranjado sobre el lago, le dio la espalda, miró hacia lo que ahora es el predio de Hueche Ruca y exclamó: `Este es el lugar perfecto´. El padre  ya pensaba que era importante para los jóvenes, vivir un tiempo en comunidad y en comunión con la naturaleza y así, encontrarse a sí mismos y acercarse a Dios. De esta manera, nacía Hueche Ruca, la casa de los jóvenes”.

Hoy, a 53 años de ese sueño hecho realidad, la web oficial de Hueche Ruca postula: “Hueche Ruca aspira a ser un lugar en el que, a través del contacto recreacional con la naturaleza, sus huéspedes puedan gozar de la misma y crecer tanto en el plano personal como en el comunitario. Esperamos que bajo cualquiera de los modos de uso, los huéspedes puedan tener vivencias en torno a los valores que nos animan: el encuentro con uno mismo, la solidaridad, el respeto, el compartir, el diálogo, el descubrimiento y valoración del prójimo, la búsqueda y el encuentro con Dios”.

En el año 1962, el Padre Aníbal Coerezza consiguió un terreno en el kilómetro 33 y medio de la ruta 258, hoy ruta nacional 40, en el Lago Mascardi. Parques Nacionales cedió 3 hectáreas de tierras a cambio de un canon. Así, el Padre y un grupo de laicos encabezados por el matrimonio Traverso, construyeron la primera etapa de la Cabaña. Lo primero que se hizo fue el dormitorio de mujeres y la cocina. Fito resalta: “Aún hoy funciona una enorme cocina económica que en aquellos tiempos nunca se dejaba apagar”. Luego, se edificó el enorme salón comedor y en su extremo el dormitorio para los varones. En cada uno de los dormitorios podían dormir hasta 40 personas en las primeras camas de madera de 3 pisos. “Se sorteaba el piso superior, codiciado por todos donde descansábamos más cómodos en nuestras bolsas de dormir”, comenta Fito.

Desde el inicio de sus actividades en 1963, la Cabaña ha albergado personas y actividades de modo ininterrumpido. Los campamentos de verano, con varios contingentes de distintas edades, ayudaban a financiar los avances y las mejoras año a año. ”En épocas en que no existían las motosierras, he visto al legendario Papi Traverso con su serrucho, cortando troncos para revestir paredes o armar nuevas camas. Afortunadamente su vocación de servicio fue heredada por sus hijos y también por sus nietos, fieles colaboradores en Hueche Ruca hasta el día de hoy”.

“En los primeros años, la electricidad llegaba a ratos y los faroles sol de noche, eran nuestra salvación. Tampoco había agua caliente, por lo que al volver de algún campamento, en fila india no llevaban a duchar a otra cabaña cercana llamada `Suyai´, perteneciente a un colegio industrial. Pocos veranos más y ya teníamos un termotanque a leña, con duchas de 2 minutos por persona que fueron disfrutadas por todos”.

“En cuanto al baño, el famoso primer baño, estaba ubicado a unos 50 metros de la cabaña. Era una precaria casilla de madera con dos letrinas que todos intentaban mantener limpias. Era muy valiente el que, en medio de la helada noche, abandonaba su tibia bolsa de dormir y con su linterna llegaba con apuro a lo que llamábamos `El Tronador´. Pero con gran sorpresa, llegamos a un verano y encontramos enormes baños impecables, con duchas y todas las comodidades, incluyendo agua caliente permanente”.

“Al principio, la única manera de comunicación con Buenos Aires, de dónde venían los grupos, era hablando por radio en el Automóvil Club y luego desde Gas del Estado, por teléfono”.


Crecimiento

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Camino de entrada a Hueche Ruca, detrás Lago Mascardi.

Poco a poco Hueche Ruca se fue adaptando a los cambios del progreso. Según el sitio oficial de Hueche Ruca, en la década de los 80, se agregan habitaciones matrimoniales en la planta alta. En la década del 90 se suma un salón de usos múltiples y, en la última década, se refacciona la totalidad de la cabaña construyéndose dos cabañas familiares y transformando los dormitorios grupales de la planta baja en 4 departamentos con baño privado para 4-5 huéspedes cada uno.

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Hueche Ruca en las viejas épocas

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Entrada a Hueche Ruca, detrás, Gas del Estado.

En relación a esto, Fito explica: “Un invierno se construyó un entrepiso bajo el techo a dos aguas de la cabaña. Hasta entonces, las paredes de interiores llegaban solo a los tres metros de altura. No faltaba el audaz que se lanzara a recorrer el interior de la cabaña haciendo equilibrio sobre esas cornisas, incluso a medianoche para llegar a la codiciada despensa para sacar alguno de los sabrosos salamines que colgaban allí”.

“Una vez construido ese entretecho, dos personajes históricos de la cabaña, Pedro Medone y Roberto Strauss, decidieron que podían cambiar la estructura del techado. Y así, con criques de auto, improvisando, lograron grandes aleros para nuevas ventanas en el piso superior. De ahí hasta tabicar y hacer dormitorios individuales y algunos baños arriba. Y así quedó Hueche Ruca, tal como está hoy”.


La experiencia de formar parte

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Actual cartel

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Antiguo cartel de entrada

“En aquellas viejas épocas, al llegar de buenos aires, los contingentes se dividían en patrullas de 7 u 8 jóvenes. Las mismas rotaban cada día para realizar asignadas por los jefes de campamento y todos eran supervisados hasta en los más pequeños detalles por Aníbal y Cecilia…Y un matrimonio responsable intentaba sofocar lo incendios hormonales en los contingentes de adolescentes. Las tareas consistían en juntar la leña para el día, servir la comida, limpieza de la cabaña, arreglo del parque y la peor de todas, limpieza de los baños. Sin embargo, todo se hacía con alegría, aprendiendo a ser solidarios”.

“Temprano al amanecer, el propio Padre Aníbal nos despertaba a todos con la campana o, si había electricidad, con un Noble Wincofon, en el que tocaba un disco de vinilo con La Marcha sobre el Rio kwai o La Marcha de Radio Colonia. Muy de a poco, sus enormes dedos iban girando la diminuta perilla del volumen hasta hacerlo insoportable: `A desayunar!´. Mate cocido con leche y pan casero que nos horneaba un poblador vecino era la primer comida del día. Al que no se levantaba, lo tirábamos con bolsa de dormir y todo al medio del jardín. Luego venían los trabajos de patrulla y las salidas en excursiones de un día o de más, organizadas como campamentos volantes de dos noches, durmiendo en carpa. Al volver, ducha veloz y algún vez, caminata hasta la estafeta a buscar correspondencia que mandaba nuestra familia; y de paso, una porción de torta muy casera en una casa que servían un rico té, llamada `Cielitos Azules´. Estaba cerca de la casa de la maestra que también era estafeta postal”.

“Todas las tardes además, inolvidables misas, con el telón de fondo del sol escondiéndose de a poco tras las montañas frente al Lago Mascardi”.

“El verano de 1.999 fue el último en la modalidad campamento. De ahí en más, a la cabaña van grupos de jóvenes, familias y muchos nostálgicos de las primeras épocas, entre los que me encuentro. Es una alegría encontrarme con nietos de pioneros de la cabaña, admirados por lo que sus abuelos y sus padres ayudaron a construir y perpetuar: el sueño del Padre Aníbal”.

“¡Cuantas vivencias llevo en mí de esas buenas épocas en las que en algunos veranos! Vivía en la cabaña durante todo enero y febrero, compartiendo los días con distintos grupos de diferentes edades. Tan maravillosos eran esos días en Hueche Ruca, que marcaron mi vida para siempre y aún hoy, cuando llegó cada verano a la cabaña, siento que llego a mi casa”.


Todas las citas sin especificar son de Fito Schuller. 

Web oficial de Hueche Ruca:

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